YA NO…

Esta es la historia real de una maravillosa mujer, su matrimonio, y su experiencia.

Felizmente casada, con una hija, buena situación económica, gozaba de un amor envidiable desde su juventud: Yo estaba muy enamorada de mi pareja, juntos tuvimos una hija, y aunque él siempre tenía que ir de un lado a otro y yo también trabajaba, nuestra vida era más o menos normal. Podía confiar ciegamente en él, lo era todo para mí.

Siempre tenía el detalle de llegar a casa a la hora justa, nunca había lugar a dudas en nuestra relación, la palabra “infidelidad” no estaba en nuestra boca. Pero un día algo cambió y la felicidad se transformó en un mar de lágrimas. Una mujer se metió en nuestras vidas, haciendo todo el daño que podía. Resultó que el tan perfecto marido que tenía yo, me era infiel.

Había estado muchos años de casada, ¿cómo podría yo haber imaginado que a estas alturas de la vida me pasaría esto? 

Nuestra hija ya era mayor, estábamos en lo que considerábamos nuestra “edad de oro”, era justo cuando podíamos realizar nuestros sueños y planes, estar juntos, paseando por lugares exóticos, conociendo gente y mundo…  ¡juntos como siempre quisimos!

Todo murió para mí cuando me dijo que estaba enamorado y que estaba con ella desde hace tiempo.

Yo no podía hablar, ni pensar, me olvidé totalmente de mí, de todos, me refugié en mi pena, ya no trabajaba, mi vida era un hueco negro del que no encontraba salida. Todo mi amor, toda mi vida la había puesto en esa persona que se suponía que era para toda la vida. Pero no fue así, él vivió su romance, se gastó un montón de dinero en ella así que hablé con los bancos para cortar todas las tarjetas de crédito que teníamos conjuntos.

De la noche a la mañana lo vi solo, pues la mujer que tenía ya no estaba, y aunque él dijo que la dejó por mí jamás se lo pude creer. Ella lo dejó  a él, porque él ya no podía darle la vida que le daba, pues yo, en mi rabia y frustración bloqueé todas nuestras cosas hasta quedarme yo sin nada. Me fui a la casa de mis padres, allí lloré todas mis penas, mis padres me abrigaron con su amor y salí adelante.

Cometí muchos errores, dejé de lado a mi hija, me olvidé de todo, sólo pensaba en mi dolor, y ¿piensan que deje a mi hombre? No, no lo dejé, aún estoy a su lado aunque sea “a medias”.

Ya nada es igual,  nuestra relación es de más amistad que de amor, ya no es lo mismo, soy yo la que no dejaré que nunca más me haga daño.

Ahora, cuando no estoy a su lado prefiero pensar que está con cualquiera, ya no me importa, si lo pienso, sólo pena me puede dar, ya no soy la misma de años atrás y eso es triste porque he dejado de confiar y mi vida se vuelve monótona y fría.  Ya no puede dañarme más de lo que ha hecho con esos años de infidelidad, hoy sólo hay un vacío en mi vida respecto a ese tema, no se lo digo nunca pero bien sabe que no le olvido.

Dios me dio las fuerzas de seguir adelante, desde entonces jamás se fue de la casa, pero muchas veces le miro y es un extraño para mí. No sé lo que me tendrá preparado nuestro Señor para el futuro, pero por ahora mi vida está en pausa, no pienso, no sé si me sigue engañando… Pero hay algo que sí sé, lo único que sé es que jamás volverá a hacerme daño como el que me hizo.

Esta vez estoy preparada, y si una vez más lo veo en esas seré yo la que se va para siempre de su vida y nunca lo volveré a recordar siquiera.

Que triste historia, ¿verdad?

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